Cuando éramos estudiantes

Me pasé bastante tiempo poniendo en huelga la enseñanza media de Madrid. En una de esas ocasiones arengaba a las alumnas del instituto Emperatriz María de Austria. Éstas ponían como excusa para no salir la valla metálica. Cogí un adoquín y me puse a romperla. Los timbres sonaron y hasta la directora salió al patio para reclamar a las estudiantes a las aulas. La seguían dócilmente. Abrí una brecha en la valla y desde ella las llamé de nuevo. Una sola se dio la vuelta, cruzó el patio y se me echó en brazos. Cogí sus muletas del suelo y la saqué por la malla metálica rasgada. Unos segundos de silencio y un enorme griterío, están vitoreando, todo el instituto sale detrás de mi. Esa mañana llegué a los demás institutos acompañado de docenas de chicas. Todos los institutos masculinos te seguirán y con ellos el Beatriz Galindo, el Isabel la Católica, etc.
Varias de las chicas que me rodeaban eran de izquierdas. Y estaban estupefactas. El líder de la revuelta no lo era.
Íbamos a un antro donde pedías las copas por una ventanilla y te daban algo de color oscuro o amarillo. Ron con limón, ron con coca cola, whisky… Tras la ventana había dos enormes perolas de plástico, una con líquido negro y otra amarillento. Entonces yo comenzaba a aprender.
Así que, el instituto Cervantes me dio la oportunidad de afiliarme a un grupo azul clandestino, pequeño, pobre y optimista. Inauguré mi militancia con una pintada en la pared del grupo scout que sentó muy mal a la izquierda, compañeros de años de salidas y marchas, y a los curas de la parroquia porque la pared era suya. Uno de los pintores conmigo es ahora notario, tiene una familia grande, mantiene a mucha gente en distintas partes del Tercer Mundo y no hace ostentación de ello.
Mi forma de afiliación tuvo su aquel. Alguien tiró unos panfletos en el instituto Cervantes; leí: “Franco no, Falange sí” y corrí tras el panfletero. El joven, Jorge se llamaba, con el corte de vestimenta de OJE, veía correr tras de sí a un individuo con melena y aspecto progre. Al doblar una esquina de la calle Embajadores me le encontré en posición pugilística. Le tranquilicé mostrándole mi interés por conocer a ese grupo autor de los panfletos que no ponía dirección alguna. Me citó el sábado a las doce de la mañana en el Metro de Quevedo, al salir me encontré con dos individuos enormes y mi conocido. Señalándome uno de ellos, luego sabría que era Paco Canadá, indicó a otro que se presentó como Camilo: “¡Qué va ser falangista éste! Es un troskista”. La avidez de nueva militancia nos llevó, a Manuel Ignacio y a mi, a su local en la calle Bravo Murillo, la pantalla era una asociación cultural de nombre Amanecer. Tras ella estaba un grupo clandestino, el FENS, Frente de Estudiantes Nacional Sindicalistas. Era una escisión del FES pero poco nos importaba a cuantos llegábamos allí con 14 ó 15 años como fue mi caso y el de otros.
Me presentaron a Manolo «el Loro», intentaba buscar militancia donde abundaba, en la enseñanza media. Tras ese primer encuentro, me vi nombrado responsable del Instituto a pesar de que ya había otro dentro, me dijo. Pedí carta blanca y lo expulsé, el chico no estaba dispuesto a arriesgar nada. Desde el Cervantes se podía llegar con facilidad a los institutos San Isidro e Isabel la Católica. Me puse a montar una escuadra en el instituto.
Extendí nuestro radio de acción en enseñanza media de la forma más heterogénea y fui formando un grupo variopinto donde destacaba Jaime “el macarra” que le afinaba la guitarra a Ramoncín, un cantante que estaba empezando. Desde mi barrio actuaba en los cercanos institutos Calderón de la Barca y Emperatriz María de Austria. En ambos conocía a gente. Las huelgas nos permitieron multiplicar nuestra influencia y la enseñanza media se convirtió en parte importante del partido FE de las JONS auténtica donde desembocamos los restos de FENAL, el FENS, las Juntas de Oposición Falangistas, independientes, etc. cuando llegó la transición política. Entonces aprendí a hablar en las asambleas, a rebatir argumentos en público, a convocar, movilizar, imprimir, hacer frente a la autoridad… La acción era incesante y no se detenía por falta de material que sacábamos de cualquier parte para hacer una pancarta o poner un cartel. En otra ocasión cerramos el aula magna, con el claustro de profesores dentro, para protestar por el cierre de las puertas del Instituto entre la salida y la entrada. Costó una cadena, un candado y audacia.
En verano el FENS organizó un campamento en Castañar de Ibor. Jorge Dávila era de por allí. Nos instruyeron en tácticas de disturbios y el uso apresurado de un grupo heterogéneo de pistolas donde llamaba la atención una preciosa P08 Luger.
Poco después fui expulsado del Instituto Cervantes y hube de trasladarme al Emilio Castelar, dentro de la orilla carabanchelera, en la zona de Oporto. En el intervalo ardió el coche del director Mingarro.
Proseguí mi acción en medio de maoístas, anarquistas, católicos militantes y comunistas de todo pelaje. En la enseñanza media de Madrid había creado una buena red pero no había nadie en el Emilio Castelar y fue un buen reto. En torno a nuestra actividad simpatizaban grupos de jóvenes que no querían llamarse falangistas y miraban con recelo el fanatismo de los izquierdistas. Para encuadrarles se crearon sindicatos como el FSU, cuyos dirigentes eran del partido. Fueron intensos los debates en la calle del Pez 21 bajo la luz oscilante de un camping gas. Alguno abogaba por el FSU como la cara del partido en la enseñanza. Alegué que para eso era innecesario el sindicato de estudiantes y que actuase directamente el partido: Si para ser militante del FSU hay que serlo del partido ¿para qué queremos el FSU? El sindicato debía ser dirigido por miembros del partido pero sus afiliados no tenían porqué tener la doble militancia. Algo parecido ocurría con las Juventudes, que no existían de hecho pero sí de derecho para las magras subvenciones del Ministerio de Cultura. Dado que quienes manteníamos esas tesis de abrir el sindicato a los no falangistas éramos los activistas de enseñanzas medias nos consintieron un tiempo. Nuestro crecimiento centró alguna reunión de la Unión de Juventudes Maoístas y otras organizaciones rivales. Finalmente, las Juventudes de Falange Española Auténtica fueron aceptadas en el Consejo de la Juventud y participaron en el Congreso de la Juventud y los Estudiantes que se realizó en 1978 en La Habana.

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