Manuel Cuéllar, el hombre tranquilo

Hoy sé que ha muerto Manuel Cuéllar, un azul de la primera hora. Sucedió a José Luis Navarro como jefe regional de Aragón cuando se metió a fraile. Algunos le debemos mucho a su afán incansable, inasequible al desaliento, generoso y entregado. En 1996, dije sobre él en la clausura de un congreso en Zaragoza: «Manolo Cuéllar da ejemplo de entrega continuada y valiente a los quejumbrosos ecos de los estériles».

Era muy incorrecto. Persistía en sus ideas, alentaba a los jóvenes a asumir responsabilidades, reía sin tacha, le gustaban las mujeres y las armas. Daba dinero, ánimo y techo a quien lo necesitaba. Nunca olvidaba a sus amigos y, cuando menos lo esperabas, le oías al otro lado del teléfono. Hacía favores enormes sin preguntar por qué. Siempre vestido con una sonrisa blanca sobre su alma azul.
Manolo bromearía por mis lágrimas, acompañaría mis oraciones y señalaría algún plan de esos que siempre salen bien porque lo intentas.

Manolo, cuídanos desde el lucero que hoy ocupas por derechos y méritos propios. Tu alma enorme en un cuerpo pequeño nos hace volver, una vez más, la vista arriba.

Ignoro si siempre caen los mejores o somos tan lerdos que no sabemos que son los mejores hasta que caen.