Mercenarios, soldados corporativos

Gustavo Morales


Las necesidades que generaron de las guerras en Iraq y Afganistán provocaron una demanda de mano de obra armada privada y especializada, cuyo elevado volumen de contratación, tuvo una oferta empresarial. Tanto las compañías como las instituciones están cubriendo su seguridad en áreas de alto riesgo y grandes beneficios con contratistas de ejércitos privados. Ya sea para garantizar la producción o la seguridad de un oleoducto o una embajada los contratistas sirven para reducir el personal militar que funciona como conductores, guardias y otros oficios que normalmente desempeñan los militares. Los mercenarios independientes de ayer fueron sustituidos por soldados corporativos contratados y ofrecidos por empresas de servicios armados. El mercenario, aventurero solitario, que se embarcaba hacia una guerra tenía como patrón al gobierno o a la oposición. Ya no. Los nuevos mercenarios son contratados por empresas que los alquilan en todo el mundo como nuevos soldados privados. Son empleados de empresas de trabajo temporal. De una intervención mercenaria directa financiada por el Estado, agresor o agredido, hemos pasado a una intervención indirecta a partir de sociedades privadas. Estas empresas son recientes, aparecen por primera vez en 1990 y se inscriben como de seguridad. Algunas de las más poderosas no tienen existencia legal hasta el año 2003. Otras, dedicadas a tareas de obras e ingeniería con anterioridad, abren un departamento de seguridad con los mismos fines: usar parte en sus instalaciones y vender fuerza especializada. En su plantilla de empleados estadounidenses hay ex miembros de la CIA y del ejército. Suelen actuar directamente en sitios como Iraq, Colombia y Afganistán.
   Cuando Reagan llegó a la Presidencia de EEUU, dos tercios de los contratos puestos por el Estado en manos de empresas civiles eran por compra de equipo y un tercio por servicios. A su salida, en 1988, la proporción era 56% por adquisición a 44% por servicios. Bajo el Gobierno del veterano Bush se llegó a la paridad. En 1998, con el presidente Clinton, el porcentaje destinado a la compra de servicios ascendía al 58%, superando a las compras de equipo. Iraq tiene que haber cargado más aún la balanza a favor de la adquisición de servicios. En realidad, el único servicio no comprado era el de fuerzas de ofensiva. Aunque existen informaciones de que la KBR brinda pilotos para los helicópteros de combate colombianos.
   Estados Unidos desplegó en Iraq unos 160.000 soldados, con una media de 1.4 muertos diarios en ataques de la resistencia. Carecía de hombres suficientes para dar cobertura a toda la seguridad necesaria en ese país árabe y en Afganistán. Las externalizaciones están a la orden del día en el mundo empresarial norteamericano del que proceden los dirigentes políticos. En construcción, transporte y manutención las Fuerzas Armadas de EEUU han delegado todas las tareas en empresas privadas.


   En tiempos recientes se ha extendido a otras áreas como la seguridad de instalaciones militares, el abastecimiento, tareas de desminado, entrenamiento de tropas locales, e incluso funciones de recolección de inteligencia. En ese sentido, un contratado por la Titan Corporation aparece en las denuncias de tortura en la prisión de Abu Ghraib. 
  Muchas misiones que antes recaían en las fuerzas regulares, hoy se distribuyen entre más de 400 compañías militares privadas que operan en Irak, 60 de ellas occidentales. Así, por ejemplo, la DynCorp, de Estados Unidos, obtuvo en 2003 un contrato por 50 millones de dólares destinado a reconstruir la policía iraquí. Esa empresa había sido acusada en Yugoslavia donde miembros de su personal armado incurrieron en robo y rapiña. La empresa Vinell, también ese año, fue contratada por el Pentágono con 48 millones de dólares para formar la primera división del nuevo Ejército iraquí. Su tarea era instruir doce mil soldados de infantería ligera en un año. En las primeras confrontaciones a nivel de escaramuzas desertó más de la mitad de los efectivos.
   Aún así la coalición anglosajona ha firmado contratos por 4 millardos de dólares con empresas de seguridad privada. Las más famosas son DynCorp, la cual entrena paramilitares en Colombia y Military Profesional Ressources Incorporated (MPRI), aunque podemos encontrar compañías inglesas, francesas, danesas e israelíes. Las empresas no usan el nombre de mercenarios para su fuerza de trabajo, sino el de “soldados corporativos” que originalmente recibían los ejecutivos de las empresas japonesas que seguían Los escritos de las cinco ruedas.
   Estos soldados corporativos son, sobre todo, británicos y estadounidenses, pero también sudafricanos, australianos, nepalíes, chilenos… Las compañías militares privadas que han trabajado en Iraq disponen de un número de empleados que triplica al de los militares británicos allí destinados. Por cada diez militares extranjeros que sirven en ese país árabe, al menos uno es un mercenario armado, contratado por empresas de seguridad o por el Pentágono. Unos veinte mil agentes de seguridad privados en cálculos conservadores trabajan para los gobiernos iraquí y estadounidense, para embajadas y empresas de otros países. La agencia UPI cifra los mercenarios en Iraq en 40.000, de los que la cuarta parte serían norteamericanos segúnWashington Post. El contingente internacional más numeroso de la coalición en Iraq después de los estadounidenses es también el segundo en bajas.
Fuera de la ley
Los contratados por las empresas militares privadas carecen de la cobertura de las fuerzas armadas y también de su disciplina y acatamiento de códigos. Están literalmente fuera de la ley. Su perfil medio presenta a un hombre blanco de treinta y tantos años, con un mínimo de diez de servicio en fuerzas armadas activas o especiales, con experiencia en operaciones antiguerrilla o antiterroristas.   Claude Voillat, subjefe de Operaciones de la Cruz Roja en Oriente Próximo expresó que su “preocupación es la falta de reglamentación. ¿Quién es responsable de todos esos mercenarios? ¿las empresas y los gobiernos que los contratan o las naciones donde están ubicadas esas empresas? Una segunda duda. ¿La Convención de Ginebra que rige a las fuerzas en guerra protegería a las fuerzas privadas si son capturadas?”. El 4 de diciembre de 1989 las Naciones Unidas aprobaron una convención internacional contra la utilización, financiación e instrucción de mercenarios. Sólo fue ratificada por veintidós países con ausencias clamorosas como Francia cuyo gobierno esperó hasta abril de 2003 para aprobar una ley contra los mercenarios. Aún no existe una normativa internacional aceptada que controle esa industria. Eso preocupa porque las empresas privadas pueden hacer cosas que serían inaceptables para las fuerzas armadas regulares, afirmaba Peter Singer, ligado a Brookings Institution, en Washington.


   Cada semana moría en Bagdad una docena de civiles iraquíes por disparos de empleados de ejércitos privados. El Ministerio del Interior iraquí ha declarado “Estudiamos cómo podemos restringir las licencias para el porte de armas, y de qué forma castigar los peores casos. Hay que terminar con la cultura de la impunidad”. Los incidentes no se han limitado a los ciudadanos iraquíes, también hubo choque entre mercenarios norteamericanos y tropas estadounidenses. Fue con empleados de la empresa Zapata Engineering, propiedad del chileno Manuel Zapata, quien emigró a Estados Unidos en 1967 y creó en 1991 esa compañía. Los hechos ocurrieron en Faluya. Los desplazamientos en las carreteras de Irak se realizan a toda velocidad para evitar los frecuentes ataques. Si un coche no se aparta o se acerca al convoy, sus ocupantes disparan tiros de advertencia antes de hacerlo directamente contra el vehículo. Los marines detuvieron a 19 mercenarios acusándoles de disparar contra ellos. Fueron internados en Camp Faluya. Mark Schopper, abogado de algunos detenidos, denuncia que fueron maltratados y golpeados, así como amenazados con perros. Dave Lapan, portavoz del US Marines Corp lo negó. Zapata dijo que investigan el incidente. Añadió que no puede imaginar que sus hombres hayan disparado contra efectivos de su ejército, dado que todos ellos son ex soldados y marines de Estados Unidos. La compañía tiene un contrato con el Pentágono por 120 millones de dólares para recolectar y destruir munición abandonada por el Ejército de Saddam Hussein. Los detenidos norteamericanos fueron liberados a las 72 horas y expulsados de Iraq. Si las denuncias de malos tratos son ciertas y las tropas de EEUU zahirieron así a aliados y ex compañeros, ¿qué ocurrirá con los extranjeros ajenos?
Mercenarios pobres
Empresas como Blackwater USA, Triple Canopy, DynCorp y Halliburton han tenido dificultades crecientes para contratar mano de obra militar que dé servicio a los pozos de petróleo, empresas, embajadas, instituciones internacionales y también a las nuevas autoridades iraquíes. Incluso algunas autoridades militares estadounidenses tienen que ser protegidas por contratados dado que sus tropas regulares están sobrecargadas de tarea. Más de cinco mil deserciones lo subrayan.
   Siendo insuficientes los soldados blancos de pelo rapado y torso musculoso para la demanda que generan las necesidades de Iraq y Afganistán, las empresas extienden el reclutamiento a la América hispana, donde hay una oferta abundante de ex guerrilleros y soldados baratos con experiencia de combate. Los anuncios publicados para reclutar hombres rezaban: «Empresa americana busca: Oficiales y soldados de Fuerzas Armadas, policía y personas entrenadas en combate para trabajar en el exterior. Edad máxima, 37 años”. Los anuncios hablaban de buen salario con la documentación y gastos del viaje por cuenta de la empresa. La publicidad apareció en varias ciudades de Iberoamérica: Bogotá (Colombia), Managua (Nicaragua), San Salvador (El Salvador) y Santiago (Chile). El destino de los seleccionados era Irak. 

Fuerzas chilenas de élite


  En Colombia los anuncios atrajeron a militares, guerrilleros y paramilitares con distintas motivaciones: salarios más altos, escapar a procesos judiciales, no son pocos los aventureros. Todos saben que será una referencia magnífica en su nuevo currículum. El general Rafael Samudio, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales de Reserva, destacó: “Estamos en condiciones de ofrecer personal capacitado. Nuestras Fuerzas Armadas han luchado contra los rebeldes en las montañas y en las selvas durante 40 años”. El diario El Tiempo, de Bogotá, informó que 16 ex-oficiales del Ejército y de la Policía fueron reclutados y habían embarcado hacia Iraq. 
   El entonces ministro de Defensa, Jorge Uribe, negó que puedan llamarles mercenarios: “Es un reclutamiento hecho por empresas de seguridad en busca de especialistas en el ramo”. Los ex militares van con un contrato irrenunciable por un año, con un sueldo de 7.000 dólares mensuales. El contrato es prorrogable por otros seis meses. Tienen vacaciones en Europa cada tres meses y un seguro de vida que ronda los 60.000 dólares. Los ex militares fueron contratados para proteger la infraestructura petrolera y como escoltas de personal de empresas privadas. Los 16 ex militares desempeñan sus funciones en Bagdad, la capital iraquí, así como en Basora, Mosul y Faluya, zonas de alto riesgo. En esas áreas, la resistencia iraquí realizaba sus acciones casi a diario. 
   El reclutamiento de ex militares lo ejecuta Halliburton Co., la cual emplea su filial iberoamericana para tales fines. La multinacional estuvo dirigida por el actual vicepresidente norteamericano, Richard Cheney.
   Joe Mayo, portavoz de Triple Canopy, otra empresa de reclutamiento y seguridad, también señaló que no ve nada anormal o noticiable en ese hecho: “Estamos en un mundo libre y buscamos gente en economías libres. No forzamos a nadie a ir a Iraq”. Mayo dijo que no era su política revelar sus contingentes, aunque admitió que en El Salvador han sido preseleccionados mil doscientos hombres. El interés en ese país por un empleo tan peligroso lo constituye el sueldo, 1.240 dólares norteamericanos como salario base en este caso. Triple Canopy ha reclutado alrededor de 150 ex militares salvadoreños que trabajan ahora para esta empresa estadounidense en Irak. El norteamericano George Nayes es quien coordina los reclutamientos. Estos ex militares están ganando un salario mensual que oscila entre 2.400 y 3.000 dólares.
   Adam Isaacson, del Center for International Policy, de Washington, advirtió que esperaba que las firmas distinguiesen entre ex-militares y paramilitares y guerrilleros. Los dos últimos grupos son oficialmente definidos como terroristas por los EEUU: Si las compañías no filtran con cuidado tendremos a ex terroristas protegiendo a personas y empresas contra terroristas. No es en lo único que la guerra privada beneficia a colombianos. Una empresa nacional firmó un contrato para blindar un mínimo de medio centenar de coches que serán usados por ejecutivos de petroleras y por funcionarios iraquíes. «Son blindajes categoría 6 y especial, las más resistentes», reconoce un portavoz de la empresa.
   También en Perú la compañía estadounidense de seguridad privada Triple Canopy Inc. reclutó a 218 ex militares y policías peruanos para tareas de seguridad en Irak. El embajador de EEUU en Lima, Robert E. Davis, reconoció que Triple Canopy Inc. trabaja oficialmente para la Administración Bush reclutando mercenarios en América. Además de peruanos, están ya en Iraq trabajando como mercenarios ex militares y policías de Chile, Ecuador, Colombia y El Salvador. Sus sueldos oscilan entre 1.000 y 3.5000 dólares al mes, según la preparación demostrable de acuerdo con la tarea. El contrato de los mercenarios peruanos establece un período de servicio en Iraq de un año, del 15 de octubre de 2005 al 14 de octubre de 2006. Ni la compañía contratista ni el gobierno de EEUU asumen responsabilidad alguna en caso de heridas o muerte de los mercenarios.
   La empresa Blackwater contrató a militares chilenos. Declaraba que tienen más de 60 chilenos protegiendo los pozos de petróleo en Iraq y que está satisfecha de su eficacia. La empresa había enviado a ese país un primer contingente formado por comandos chilenos. Un portavoz de Blackwater declaró a The Guardian que «los comandos chilenos son muy, muy, profesionales». En Chile, destaca la figura del suboficial retirado de Infantería de Marina Óscar Aspe. Participó en los anuncios y posterior selección, llegando a usar las instalaciones del Fuerte Aguayo, sede de la Infantería de Marina en Concón. Varios diputados denunciaron el hecho. Antes, en 1989, Aspe formó parte del grupo táctico que tiroteó a Marcelo Barrios Andrade, segundo jefe de zona del Frente Popular Manuel Rodríguez.
   Triple Canopy, a través de Your Solution Inc , y ésta, a su vez, de la chilena Fires Field, ofrecía a los mercenarios chilenos menos cualificados salarios que iban de los 900 a los 1.300 dólares al mes. Las reuniones de enganche realizadas en Viña del Mar y en el hotel Los Nogales, de Providencia, tuvieron una asistencia desbordante. Hubo problemas en el traslado. Honduras los expulsó oficialmente al comprobar que realizaban instrucción militar en su territorio habiendo entrado en el país con visados de turistas. Las cifras de ese gobierno aumentan las ofrecidas por la empresa reclutadora estadounidense. 
   Eran 105 oficiales chilenos. 91 partieron desde Honduras hacia Irak contratados por la empresa Your Solution Inc (YSI), la subcontratista local que selecciona a los potenciales «guardias de seguridad» iberoamericanos que trabajarán en Irak para Triple Canopy (TC), sociedad que sólo en 2005 año se adjudicó 250 millones de dólares para sus operaciones en Irak. El diario hondureño ‘La Tribuna’ lo denunció: YSI realizaba adiestramiento militar a mercenarios extranjeros, chilenos ahora, en el pueblo de Lepaterique, cerca de Tegucigalpa. El gobierno hondureño, que facilitado la operación de traslado designando al viceministro del Trabajo, Áfrico Madrid, como intermediario oficial, dictó una orden de expulsión. Simultáneamente, se impidió la llegada desde San José de Costa Rica de otra partida de 48 chilenos que se aprestaban a recibir el curso de Lepaterique. Esas instalaciones sirvieron durante los años 80 de base al Batallón 316, el puño de los militares hondureños, con presencia de extranjeros con funciones militares: decenas de militares argentinos, miembros del Grupo de Tareas Exteriores (Batallón de Inteligencia 601). 
   Junto con personal de la CIA, desplegó desde Honduras la red de soporte logístico y organizativo de la guerrilla Contra nicaragüense para desestabilizar al gobierno sandinista de Daniel Ortega. Entonces los comandantes contras llamaban «el Jefe»: al embajador estadounidense en Honduras, John Negroponte. Es el mismo diplomático que en 2004 fue nombrado embajador en Bagdad y que fue decisivo en la elección de las empresas de seguridad privada contratadas por su gobierno para actuar en Irak.
   Los mercenarios chilenos viajaron hasta Bagdad con 111 ex militares hondureños, que realizan labores de vigilancia estática para la empresa estadounidense Triple Canopy, contratada para custodiar recintos estadounidenses en el centro de Bagdad. Entre los objetivos que resguardan hay embajadas y villas. Your Solutions aportó a la compañía estadounidense de seguridad Triple Canopy hasta un millar de ex militares iberoamericanos con destino a Iraq, la mitad de ellos chilenos. Les siguió la recluta de 500 mercenarios brasileños  que cumplen labores de vigilancia como soldados corporativos.
   Las diferencias entre los mercenarios pobres y la elite no es sólo salarial. Mientras los chilenos, peruanos, hondureños o colombianos comprometen su permanencia por un año, sus colegas estadounidenses o europeos occidentales operan sólo por tres meses, y con el viaje pagado van un mes a descansar a sus ciudades de origen y luego, si así lo desean, vuelven a Irak por otro trimestre. Los iberoamericanos duermen en barracas colectivas pero los estadounidenses lo hacen en habitaciones privadas. Según algunos ex soldados salvadoreños que vivieron la experiencia en Bagdad, pese a contar con un bar, en el campamento el consumo de bebidas alcohólicas está reservado a los efectivos “occidentales”.
La élite
El periodista Ted Rall describía a los mercenarios anglosajones: «Les puedes ver en sus vehículos de cristales tintados, tomando el té con los señores de la guerra. Hombres de hierro cubiertos de armas, entre los treinta y los cuarenta, con el pelo rapado y acento del Sur y del Medio Oeste norteamericano. Si les preguntas, serán insolentes” El artículo se titula ‘¿No lo has oído? ¡Afganistán está abierto al turismo!’ «Llevan botas de desierto, pantalones de camuflaje, grandes gafas de sol y pelo muy corto. Conducen coches Toyota Land Cruisers y en Kabul se les vé bebiendo en el Hotel Mustafá. Si eres rubio u occidental, llevas gafas de sol y una pistola colgando a la cintura y conduces un coche sin matrícula, nadie te preguntará quién eres, – describe Qais Asimy, hombre de negocios afgano- la gente asume que eres de la CIA o de las fuerzas especiales o alguien peligroso. La gente se mantendrá lejos”.


   En la División de Actividades Especiales de la CIA conocen a estos hombres que operan en territorios extranjeros ocupados, con normas relajadas o sin ellas, formando unidades de comando, fuertemente armados. La misma División está compuesta por 150 ex combatientes, pilotos y especialistas. Esos operativos extendieron la guerra contra los talibán, coordinaron ataques aéreos y agruparon a los señores de la guerra de la Alianza Norte.
   Afganistán, olvidada por la prensa durante la guerra en Iraq, vio un resurgir de la violencia. Las bajas norteamericanas crecían. También aumentan los ataques contra cooperantes y trabajadores extranjeros. Estados Unidos llega a los 18.000 soldados, y las fuerzas de la OTAN se han incrementado a 10.000. Los talibán se han reagrupado, han intensificado sus ataques, aterrorizando algunas zonas rurales. Estas acciones incrementan la necesidad de mayor seguridad y reclutan más soldados corporativos. Uno de ellos se hizo leyenda, el ex boina verde Jonathan Keith Idema. Él sólo da motivo para otro artículo.
   Duncan Campbell y Kitty Logan de The Guardian desde Kabul lo describen así: “Los guardias privados de seguridad, la mayoría con experiencia militar, pueden verse con sus gafas oscuras y ropa de camuflaje, sus subfusiles colgando del hombro, cabalgando a través de la ciudad”.   Algunos los soldados corporativos destacados en Iraq y Afganistán están vinculados con abusos de Derechos Humanos en Sudáfrica, Chile e Irlanda del Norte, según el diario mexicano ‘La Jornada’.
Anglosajones
Estados Unidos es el país que mantiene más fuerzas militares y paramilitares en Iraq. Por ello soporta la mayor parte de las bajas. La mayor parte de los caídos son tropas norteamericanas seguidas por mercenarios de esa nacionalidad. Sobre los iraquíes no hay cifras fiables.
   Entre esos soldados corporativos norteamericanos estaba Michael Teague, 38 años, con 12 de servicio en el ejército estadounidense destacado en Granada, Panamá y Afganistán. Scott Helvenston, también de 38 años. Fue el más joven en superar el entrenamiento de los comandos SEAL de la US Navy, con quienes Scott sirvió una docena de años. Fue campeón del mundo de pentatlón dos veces y entrenador de Demi Moore para la película La teniente O Neil y de John Travolta y Nicolas Cage para los combates de la película Cara a cara. Teague y Helvenston aceptaron la oferta de Blackwater Security Consulting para pasar dos meses en Iraq protegiendo el transporte de alimentos del Ejército de los EEUU. Mil dólares diarios era el sueldo y era poco. El vehículo en el que viajaban junto a otros compañeros de Blackwater cayó en una emboscada. Fueron asesinados y sus cadáveres vejados ante las cámaras.Una turba enloquecida los descuartizó, quemó y colgó de un puente. Fue en Faluya.
   Michael Klare, experto en asuntos estratégicos del diario The Guardian, alerta de que Estados Unidos ha reactivado en Iraq algunas de las unidades militares de la guerra de Vietnam. La unidad Tiger Force de la 101 aerotransportada estadounidense patrulla el oleoducto que transporta petróleo de Kirkuk a la frontera turca. Fue empleada durante la guerra de Vietnam para eliminar enemigos. «Armados con miras de visión nocturna y rifles de gran potencia M-107 de calibre 12,70 mm, los francotiradores sobrevolaron los oleoductos en helicópteros UH-60 Black Hawk especialmente configurados y dispararon contra sospechosos de sabotaje a distancias de más de 2.4 kilómetros», testificó el periodista Klare, quien destacó que los disparos se hicieron sin confirmar la identidad de los presuntos sospechosos o que estuvieran cometiendo actos hostiles. Un sargento de la unidad declaró: “Abatimos al objetivo antes que sepa que estamos allí”.
   Una bomba en una autopista causaba la muerte de dos mercenarios estadounidenses y heridas graves a un tercero de la misma nacionalidad en Basora, según informaba la embajada de EEUU en Iraq el 18 de enero de 2006. Un cuarto miembro del grupo resultó herido. Los cuatro mercenarios trabajaban para la compañía de seguridad DynCorp Internacional, con sede en Texas. Los fallecidos y el herido estaban participando en el entrenamiento de la nueva policía iraquí.
   El ascenso empresarial es meteórico. Triple Canopy, fundada a finales de 2003, tiene una historia breve pero intensa. El pasado 16 de julio recibió, junto a dos competidoras de vasta trayectoria (DynCorp y Blackwater), el anuncio oficial que les adjudica mil millones de dólares del Departamento de Estado por cinco años para custodiar instalaciones y personal diplomático en los 27 destinos de mayor riesgo alrededor del mundo. Por coger un periodo, no el peor, entre enero y agosto de 2004 los equipos de Triple Canopy fueron atacados con fuego, sostenido en algún caso hasta 24 horas seguidas, en más de 310 ocasiones.
   Algunas de las empresas del ramo radicadas en Estados Unidos que operan en el sector son Airscan International: transporte y vigilancia aérea, opera en Angola y en Colombia. Braddock: marketing y comunicación. Combat Support Associates (CSA): cuyo cuartel general está en Camp Doha, Kuwait, especialistas en motores de aviones civiles y militares. Custer Battles: que cubre la contrata de seguridad del aeropuerto internacional de Bagdad. DynCorp: con 90.000 empleados en todo el mundo, muchos de ellos antiguos policías de la ciudad norteamericana de Los Ángeles. International Charter Inc. (ICI): que realiza operaciones de mantenimiento de la paz, formación y antiterrorismo. Military Professional Resources Incorporated (MPRI): cuyo director ejecutivo es el general Carl Vuono, jefe de Estado Mayor estadounidense en las operaciones de Panamá y el Golfo Pérsico. Northrop Grumman Corporation: también actúa en Colombia. Vinnell Corp.: con grandes intereses en Arabia Saudí. Wackenhut: con base en Copenhague, forma parte del Group 4 Falck. Dicho grupo, uno de los más importantes del sector, tiene presencia en 85 países  y sede danesa. KBR-Halliburton: presente en Iraq e implicada en algunos escándalos. La petrolera Halliburton Co., dirigida durante 5 años por el hoy vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, consiguió el mayor contrato para apagar incendios petroleros en Irak, provocados por seguidores del derrocado régimen de Saddam Hussein. Halliburton es señalada en como una de las mayores 30 compañías del mundo dedicadas a este tipo de reclutamiento junto con Blackwater USA, especialista en combate urbano; y Dyncorp, que apoya labores de fumigación de narcocultivos en Colombia.
   Los mercenarios británicos son un contingente de elite, ex militares de las fuerzas especiales. Sus destinos requieren habilidades más sofisticadas lo que se compensa en el sueldo y en las condiciones de estancia y equipo disponible. Proceden del exigente Special Air Service, de los paracaidistas, de la infantería de marina británica. Uno de esos soldados sin fronteras es Derek William Adgey, un ex marine real, contratado por la empresa inglesa Armor Group. La organización de investigaciones CorpWatch informó de que, antes de viajar a Iraq, Adgey estuvo en la cárcel cuatro años por su trabajo con los paramilitares Ulster Freedom Fighters, en Irlanda del Norte.
   Un sudafricano cayó en combate contra milicianos chiíes en la ciudad de Kut, al sur de Iraq. Michael Bloss fue asesinado dos días después. En las 48 horas siguientes dos mercenarios rumanos eran acribillados cerca de Bagdad. Michael Bloss era un galés de 38 años. Había servido ocho años en un regimiento de paracaidistas en Irlanda del Norte. Emigró a EEUU, donde trabajó como monitor de esquí. En 2003 viajó a Iraq contratado por la compañía de seguridad Custer Battles of Fairfax, con sede en Virginia (EEUU). La empresa tiene 1.200 empleados en Irak, según la BBC. Bloss era jefe de seguridad de un grupo de contratistas encargado de restablecer el suministro eléctrico. Un comando insurgente atacó y Michael Bloss cayó tras salvar a los contratistas. No fue una sorpresa. Antes de morir, escribió un correo electrónico a sus amigos: “Estamos esperando que esta noche nos sobrepasen y tendremos que luchar”.
   La empresa Custer Battles of Fairfax proporciona personal para vigilar el aeropuerto de Bagdad y proteger los convoyes del ejército estadounidense y los de sus contratistas. Sus empleados han servido en los ejércitos de los EEUU, Nepal, Reino Unido, Francia o Australia. A éstos hay que añadir entre casi 400 trabajadores iraquíes para llegar a los mil guardas de seguridad que Custer Battles tiene en Iraq. El salario que reciben fluctúa entre los 70.000 y los 250.000 euros anuales, según cifras del diario La Razón. Estos sueldos están por encima de los 50 mil dólares de soldado del ejército de los EEUU en aquel país, mientras un soldado español durante su servicio en la guerra iraquí recibía 30.000 euros anuales y una dieta diaria inferior.
   Las empresas británicas que operan en el campo de la seguridad y contratan soldados corporativos son Alpha Five domiciliada en Hong Kong; Control Risks, especialista en seguridad marítima y especialistas en la dirección internacional de riesgos, protegiendo miembros de casas reales (http://www.globalrisk.uk.com); Genric se ocupaba de la protección de tropas inglesas en Basora, Irak (http://www.genric.co.uk/); Presidium International Corporation, grupo angloitaliano radicado en las islas Seychelles (www.presidium.net); Sandline International, sociedad de expertos militares implicada en distintos casos de mercenarios (www.sandline.com) .
Sudafricanos


La Segunda Guerra Mundial lanzó muchos mercenarios alemanes a África. Tras la descolonización impulsada por Estados Unidos a través de la ONU abundaron los franceses. La caída del apartheid sudafricano y del Muro han liberado a  muchos militares y miembros de seguridad que están presentes en Oriente Medio respondiendo a una tradición de opacidad.
   El diario sudafricano The Nation informó de la contratación de la empresa sudafricana Erinys Meteoric Tactical Solutions para proteger los oleoductos iraquíes. La empresa, entre sus prestaciones, ofrece “un servicio global de protección personal … en ambientes de alto riesgo … armado y con tácticas de contra vigilancia actuales.” La empresa no se dedicaba originalmente a la seguridad pero su actuación en explotaciones mineras y petroleras la llevó a desarrollar esa división, tanto para uso en sus instalaciones como para ofrecer el servicio a terceros. Es frecuente que las zonas de extracción minera y de crudo se encuentren en áreas de estabilidad volátil. Erinys ha tenido algún muerto y varios heridos en Iraq. Francois Strydom, un soldado privado caído, antes de llegar al país árabe había sido integrante del grupo contrainsurgente Koevoet, implicado en asesinatos políticos en Namibia en los años ochenta del siglo XX. Uno de los sudafricanos heridos en Irakfue Deon Gouws, miembro de la policía secreta de Sudáfrica en la época del apartheid, acusado allí de participar en un atentado contra un opositor político e incendiar los hogares de medio centenar de subversivos. 
   La seguridad en el exterior es la salida lógica de los cuerpos armados que han servido a regímenes que han caído. No ocurre sólo en Sudáfrica. Recordemos que todo el Ejército de la República Democrática Alemana y centenares de divisiones rusas se quedaron en la calle, rumanos, búlgaros, checos.
   La sociedad sudafricana Erynis, donde Richard «Sanders» Rouget juega un papel activo como vemos en el capítulo de mercenarios franceses, tiene una subcontrata para entrenar a la nueva milicia iraquí, para lo que llama a Rouget para reclutar franceses y mandarlos a Iraq.
Franceses


La cadena gala TV5, desveló la presencia de un soldado corporativo francés que operaba en Iraq protegiendo a las petroleras norteamericanas y al grupo Carlyle. Era Richard «Sanders» Rouget, francés con residencia en Sudáfrica; un empresario que dirige safaris. En el verano del 2003, se declaró culpable ante un tribunal surafricano por el envío de mercenarios a Costa de Marfil para apoyar al presidente Laurent Gbagbo. Rouget ya había combatido como profesional en 1997 para el Gobierno de Zaire. Un año después, le acusaron del asesinato de Dulcie September, delegada del Congreso Nacional Africano, cuando ésta empezó a probar que Francia enviaba carbón, petróleo, armas y material nuclear al régimen racista de África del Sur, burlando el embargo internacional. El ministro del Interior francés de entonces, Charles Pascua, negó a Dulcie September la protección policial que ella pidió cuando mataron a su homologa en Bruselas.
   La Legión extranjera francesa suele ser origen de muchos mercenarios, así como los regimientos paracaidistas. El más famoso de los mercenarios franceses fue Bob Denard, conocido por sus intervenciones en Gabón, el Congo, Yemen, Angola e Islas Comores. La acción de los hombres de armas a sueldo franceses ha sido de forma preferente África.
   Empresas galas que operan en el mundo de la seguridad son Africa Security, Alliance Prestige, Atlantic Intelligence (mixta anglogala), Compagnie internationale d’assistance spécialisée (CIAS), Defense Control. Earthwind Holding Corporation (con sede en Luxemburgo), Eric S.A., Géos, Groupe Barril Sécurité, Iris Services, Raven &Atlas, Saladin, Secopex, Securance, Sécurité sans frontières.
Italianos
Fabrizio Quattrocchi era hijo de panadero, y tenía 36 años. Fue portero de discoteca hasta que Ibsa le ofreció un contrato de 8.000 euros al mes mejorables en tareas de alto riesgo en Iraq. Allí fue secuestrado por la Milicias Verdes y poco después recibía un disparo en la nuca ante las cámaras mientras se arrancaba la capucha y gritaba “¡mirad como muere un italiano!”. Su secuestro pretendía forzar a su Gobierno a retirar los 3.000 soldados italianos desplegados en Nasiriya. “Elementos de los muyahidines en Iraq han tenido éxito en su misión de cortar el camino a los refuerzos destinados a las fuerzas americanas entorno a la ciudad de Faluja: estas unidades han logrado capturar a cuatro elementos del aparato de seguridad italiano que sostiene las fuerzas de ocupación americanas», este es el texto del comunicado leído ante la cadena de televisión qatari Al Jazeera. Los otros tres mercenarios secuestrados por la insurgencia fueron contratados por la empresa Presidium International Corporation, con sede en Olbia (Cerdeña) y las islas Seychelles. Se define como «ligada a la lógica del desarrollo y la estabilidad occidental”. «Es una sociedad -se lee en su web- que opera en los sectores de la seguridad, defensa, protección de negocios y gestión de las crisis en áreas de medio y alto riesgo».
Serbios
Más que velada, la información sobre los mercenarios europeos orientales es muy reducida. Es sabido que unos 30 ex boinas rojas de los cuerpos especiales del ministerio del Interior serbio desarrollan tareas de seguridad en Iraq, contratados a través de una empresa privada de seguridad con sede en Sarajevo, según informa el diario Vecernje Novosti. Este cuerpo militar de élite, Specijalne Operacije, JSO, conocido por el color de su boina, fue disuelto por su gobierno en marzo de 2003, tras la ocupación de su sede en la provincia de Vojvodina. Los mercenarios serbios desarrollan tareas de protección de instalaciones petrolíferas, oficinas gubernamentales y sedes y personal de compañías alemanas y británicas. Su sueldo se sitúa en 8.000 dólares mensuales.
   No son los únicos balcánicos. Jerko Zovko, muerto en Irak, tenía 32 años, había ingresado en el ejército yugoslavo a los 19 y hablaba con fluidez español, croata, árabe, ruso e inglés.   Otros eslavos, medio centenar de oficiales ucranianos, realizan labores de adiestramiento a la policía de fronteras. Las cifras de rusos y alemanes orientales se desconocen.
Israelíes
De la presencia israelí se sabe poco, aunque son varias las empresas de esa nacionalidad que operan en el mundo de la seguridad en ese área: International Security Consultants, Levdan, Long Range Avionics Technologies, Ltd, Spearhead Ltd, The Golan Group y Silver Shadow Advanced Security Systems, especializada en inteligencia y antiterrorismo, que entrena fuerzas especiales y suple armas y municiones viejas o nuevas a elegir por el cliente.
Españoles


La empresa Blackwater contrató a mercenarios españoles para misiones en Iraq, según La Gaceta de los Negocios. Miembros del Grupo especial de Operaciones, así como paracaidistas y legionarios del Ejército español, pidieron una excedencia temporal para trabajar en la citada empresa, desde el año de 2002 hasta, como mínimo, mayo de 2004, cuando España retiró a sus tropas de Iraq. Aceptaron la oferta de los mercenarios ante los elevados salarios que ofrecían, alrededor de setecientos euros diarios. En total, dos docenas de soldados españoles engrosaron las listas de los Blackwater. También lo hicieron miembros del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional. Se ignora el número de agentes que fueron a ese país como mercenarios.
   El presidente de la Asociación Española de Escoltas (ASES), Vicente de la Cruz, declaró que hubo 30 personas operando en Iraq y explicó que su asociación ha realizado ya varios procesos de selección y cuenta con unos 200 hombres dispuestos a marcharse. La ASES ha desestimado las propuestas que planteaban sueldos diarios de 400 euros mientras que «el precio real que se está pagando en Irak a “un escolta” es de 1.000 euros diarios».  «Sería bueno que los escoltas españoles masivamente trabajaran fuera y aportaran luego sus conocimientos aquí», dijo De la Cruz. Además, se están ofreciendo cursos de formación dirigidos a trabajos en países en conflicto armado.
   En realidad los 30 españoles que trabajaban con empresas de mercenarios en Iraq, tenían un perfil militar, distinto de los escoltas.
   El cambio realizado en Iraq por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, y a consecuencia de las malas relaciones que provocó la retirada, los contratistas mercenarios dejaron de contar con los españoles.
   Durante la estancia del Ejército español en la antigua Mesopotamia las autoridades estadounidenses recurrieron a la empresa Blackwater durante los combates de abril de 2004 en Nayaf en apoyo de las tropas españolas, según un informe del Congreso norteamericano. Los soldados corporativos actuaron en «operaciones tácticas militares» con las tropas estadounidenses cuando el 10 de abril Blackwater fue convocada por el embajador de Estados Unidos en Iraq. «Varios empleados de Blackwater tomaron posiciones en un tejado con soldados del Ejército de EE UU y fuerzas españolas», dice el texto del Congreso, que agrega que «reforzaron las posiciones militares y emplearon sus armas para disparar sobre cualquier objetivo de oportunidad que se presentase».
   El ex gobernador estadounidense en Iraq, Paul Bremer, criticó en su libro Mi año en Iraq a los mandos de la Brigada Plus Ultra española, desplegada en Diwaniya y Nayaf, por falta de cooperación militar. Según Bremer, los mandos españoles rehusaron ayudar a las fuerzas de EE UU cuando las atacaron las milicias del clérigo chií Muqtada al Sader. «El comandante español de Nayaf rehúsa cooperar. Dice que ir a la ciudad en ese tipo de misión viola sus reglas de combate», recuerda en su libro el ex gobernador norteamericano.
Primavera de 2005, la peor semana
Es difícil señalar un momento concreto de la presencia mercenaria en Iraq como el más intenso. Acaso sea la primera semana de abril de hace dos años, cuando por lo menos 80 guardias de seguridad reclutados en Estados Unidos, Europa y Sudáfrica que trabajan para compañías estadounidenses murieron por ataques insurgentes en Iraq. Las fuerzas de la coalición mantenían dos treguas precarias con sus enemigos, una en Faluya y otra en las poblaciones sureñas en poder de Moqtada Sadr, el clérigo radical chiíta, y su ejército del Mahdí.
   El teniente general Mark Kimmet reconoció que «por lo menos 70 soldados» de Estados Unidos y otros países occidentales cayeron en esa primera semana de abril, pero no mencionó a los mercenarios. El total de pérdidas occidentales tendría un efecto político negativo. Tampoco proporcionó una cifra de los muertos iraquíes, que en todo el país en ese periodo de siete u ocho días pueden acercarse al millar. Blackwater reconoció esos días haber tenido 18 bajas. Su presidente, Gary Jackson, declaró: “Este es un día muy amargo para la familia Blackwater. Hemos perdido a varios amigos por ataques terroristas en Irak”. Jackson es un antiguo comando SEAL de la US Navy que dispone de un campo táctico de instrucción de seis mil acres en Carolina del Norte, Estados Unidos.
   La presencia de mercenarios en tan elevado número, tenía que desembocar en mayores pérdidas. Pero si bien muchos de los agentes de seguridad fuertemente armados trabajan para el Departamento de la Defensa -y muchos son ex combatientes de fuerzas especiales-, no se les cataloga como personal en servicio militar. Por consiguiente, su pérdida puede ocultarse. Las autoridades de Washington conocen que muchos días murieron más mercenarios occidentales que soldados de la ocupación. Las empresas militares privadas rara vez reconocen su pérdida, a menos que las muertes, como en el caso de los cuatro estadounidenses asesinados y mutilados, sean del dominio público.
   Simon Faulkner, quien dirige la firma británica Hart Group que perdió esos días un empleado en la ciudad de Kut declaró que se incrementaba la dificultad para trabajar en Irak. “Nosotros no estamos equipados como los militares, no tenemos carros de combate, ni aviones. Nosotros somos sólo gente con armamento ligero y sólo podemos hacer nuestro trabajo mientras la situación lo permita”. 
   John Davidson, director de otra empresa inglesa, Rubicon International, advertía que la situación se había hecho más dramática y peligrosa para los civiles. Destacó que por primera vez estaban analizando la seguridad del personal para el caso de un brote de guerra civil.
El negocio de la guerra
La industria mercenaria, al amparo del giro en la política militar estadounidense, que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha impulsado procesos de ocupación en países como Afganistán e Iraq, ha vivido un auge sin precedentes. Su negocio, que florece merced a inmensas partidas presupuestarias fiscales, es estratégicamente indispensable. Suplen las limitaciones de tamaño de la fuerza de combate, sin las dificultades burocráticas y políticas que supone desplazar contingentes convencionales. Las nuevas compañías condottieras disponen de sus propios ejércitos.
   El general estadounidense que encabezó el primer gobierno de ocupación, Jay Garner, en declaraciones a The New York Times afirmó que las compañías privadas de seguridad «sin duda cumplen un papel militar». El jefe de operaciones de la Autoridad Provisional de la Coalición, Andrew Bearpark, al explicar por qué se contrataba a empresas como TC, confesaba: «Porque los militares eran incapaces de proveernos efectivos en la cantidad que necesitábamos».
   Las ventajas competitivas de las empresas militares privadas para los gobiernos son claras, operativas y económicas. En 24 horas pueden disponer de especialistas dispuestos a viajar a cualquier confín del mundo, incluidos expertos que hablen la lengua local. Ningún ejército tiene semejante flexibilidad. La empresa Executives Outcomes proponía una intervención en Sierra Leona por 36 millones de dólares. La ONU estimaba que una operación similar le costaría 500 millones de dólares. Esa compañía ya ha trabajado con éxito y ahorro para diversos gobiernos.
   Los británicos, que están a la cabeza en el proceso de privatizaciones militares, estiman que han conseguido ahorros cercanos al 20% en sus operaciones. También en Estados Unidos las externalizaciones avanzan a una velocidad meteórica: entre 1994 y 2002, las compañías militares privadas han conseguido tres mil contratos por 300 mil millones de dólares. Entre las más importantes figura la Kellog Brown and Root (KBR), que tan sólo en Iraq tuvo contratos por 2.100 millones de dólares. En 2003 se calculaba que de los 3.900 millones de dólares mensuales que gastaba el Pentágono en Iraq, un tercio iba a manos de las empresas de servicios armados.
   Las compañías militares privadas han brindado importantes servicios allí donde los gobiernos prefieren estar ausentes o actuar de manera encubierta. Fueron los casos de Centroamérica y el sudeste asiático. Tanto Ronald Reagan como George Bush padre emplearon fuerzas mercenarias. Desde entonces se aprecia un aumento sostenido de compra de servicios a particulares.
   La empresa Blackwater se vio implicada en varios escándalos desde 2007. Un informe del Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno estadounidense aseguró que empleados fueron los primeros en disparar en el ochenta por ciento de los 195 ataques en los que han participado. Han sido acusados de abuso de poder y tortura a civiles iraquíes. Al comparecer ante el comité del Congreso que investiga el incidente en que murieron nueve iraquíes a manos de contratistas de Blackwater en Bagdad, el pasado mes de septiembre, el propietario de Blackwater, Erik Prince, dijo que 30 de sus contratistas han muerto mientras defendían a diplomáticos de Estados Unidos en Irak y que ningún estadounidense protegido por la compañía ha muerto, ante Prince dijo que sus empleados actuaron en defensa propia, siguiendo el protocolo legal.
Por un puñado de dólares
El salario, que es precisamente lo que lleva hasta Iraq a los agentes privados de seguridad, no es lo único que los diferencia de los soldados. No cuentan con los mismos equipos ni cobertura que los miembros de los ejércitos, pero reconocen que van a Irak porque les pagan y no porque les mandan y que se pueden ir cuando quieran y no cuando les dejen. Si la situación se complica tanto que la paga no compensa, se vuelven a casa. Otra de las ventajas es que no existen las consecuencias políticas cuando los mercenarios caen muertos, heridos o secuestrados. El Pentágono sólo cuenta las víctimas militares.
   Unos soldados corporativos eslavos ganan ocho mil dólares al mes; otros, anglosajones, treinta mil; unos sudamericanos dos mil. Algunos soldados corporativos ganan diez mil dólares semanales para proteger a los empleados de la petrolera Halliburton en Iraq. Mercenarios de elite llegan a los mil euros diarios. Depende de la tarea y del perfil del candidato. Las empresas pueden pagar esos sueldos porque los beneficios lo permiten. El negocio de las empresas privadas que realizan tareas de apoyo militar en Iraq es enorme. Los ingresos más elevados de la empresa Blackwater pueden llegar hasta los 18 mil dólares mensuales. El salario promedio pagado a hombres de armas de países desarrollados es en promedio 100 mil dólares anuales y gozan de mayores beneficios, amén de mayor libertad que los uniformados. Un policía estadounidense retirado puede aspirar a 60 ó 70 mil dólares. Los chilenos y otros “tercermundistas” contratados no pasan de los 30 mil dólares anuales. Los atractivos sueldos provocan conmoción incluso dentro de las Fuerzas Armadas estadounidenses que, con sus operaciones en Iraq y Afganistán, sufren dificultades crecientes para reclutar tropas. Esto es más evidente en el caso de oficiales de fuerzas especiales altamente calificados. En algunos casos, el Ejército de EEUU ya ofrece primas de reenganche de incluso 150 mil dólares para evitar un retiro prematuro de oficiales cualificados.
   Se configuró de nuevo un viejo profesional. El guerrero a sueldo, con conocimientos parejos con las nuevas tecnologías que incorpora el armamento y las comunicaciones modernas. Con experiencia en unidades militares de élite. Con empleos de alto riesgo en zonas donde la ley llega poco más allá que las escaleras de los tribunales. Tiene experiencia en combate y ha estado presente en las últimas intervenciones militares occidentales. Puede instruir a unas fuerzas bisoñas e intervenir en combates con gran poder de fuego y conocimientos tácticos suficientes. Sus altos sueldos no sólo pagan su vida en riesgo, sino las etapas de parada consustanciales a su empleo. Algunos de ellos, en Estados Unidos, eran instructores de fitness o tenían un gimnasio en el tiempo de entre guerras.
   Desde los honderos baleares de Julio César, desde las compañías blancas de Bertrand Duglescin que cambiaron a los reyes de Castilla, pasando por los lansquenetes protestantes de Carlos I que iniciaron el Saco de Roma o los mercenarios suizos del Papa Julio, los soldados de fortuna siguen siendo parte sustancial de las guerras, de unas guerras que escriben la historia del mundo, una historia que ya no escriben los hombres sino las corporaciones, los nuevos ejércitos privados.